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Crónica Oscura

09 La prisión eterna


Entrando a la prisión, un centinela aparece ante Kain…

Guardián: ¡Eh, tú! ¡No te conozco! ¿Eres un invitado? ¿Un visitante? ¿Un intruso? No permitimos que los invitados alteren nuestra rutina y estamos realizando un trabajo importante.

No podemos permitir que nada, ¡nada!, se interponga. Este es un lugar donde aquellos que han transgredido las leyes de los dioses y del hombre creando un peligroso desequilibrio dentro de sí mismos contemplan lo equívoco de sus acciones por medio de una agradable e ininterrumpida meditación hasta que recuperan el equilibrio de su verdadera y perfecta naturaleza interior.

Este proceso no debe ser interrumpido por ninguna razón hasta que se logre la transformación espiritual por mucho tiempo que pueda llevar. Así que no se permiten invitados ni visitantes y respecto a los intrusos, sabemos cómo tratarlos. ¡Márchate ahora!


Haciéndo caso omiso, Kain se adentra en la prisión. El mismo centinela vuelve a aparecerse a Kain…

Guardián: ¡Eh, tú! Veo que todavía no has encontrado la salida. Te sugiero que lo hagas. Tu presencia puede interferir en el progreso que algunos están realizando para encontrar el equilibrio interno de su naturaleza perfecta y no podemos permitirlo.

Presta atención a mi advertencia y márchate inmediatamente.


Kain sigue adentrándose en la prisión. El centinela decide atacar a Kain…

Guardián: ¡Tú! ¿No te he dicho que no puedes estar en este lugar? ¿No te he dicho que te vayas? Pero no has hecho caso de mis advertencias, ahora tendré que explicártelo a mi manera para que lo comprendas.


En uno de los pasillos de la prisión, Kain encuentra a un prisionero que está siendo perseguido por una criatura…

Prisionero: ¡Ayúdame! ¡Déjame salir de aquí! ¡No he hecho nada, no puedes dejar que me coja! ¡Ayúdame! ¡¡Socorro!!

Magnus: Dónde está mi carne. Empapada de sangre, con vísceras colgando. Ahí, ahí.

Guardián: ¡Déjalo! Sabes que no puedes estar aquí. Retrocede. ¡Atrás!

Magnus: ¡Dadme carne! Cuarenta kilos al día y que sea fresca y con dos piernas, o en este caso, cuatro.


La criatura se abalanza sobre los centinelas y los devora. Al prisionero lo deja marchar…

Magnus: No, no. Ya he tenido mi ración. Cuarenta kilos o doscientas ochenta libras. Tú puedes irte.


Al fin, Kain llega a la estancia en la que se encuentra el constructor Hylden del Artefacto…

Kain: Prisionero, necesito información.

Constructor: Tú no eres un carcelero. Te lo suplico, ¡libérame!

Kain: Primero respóndeme. Busco a un prisionero de este lugar. Un constructor. Creó un gran artefacto que se encuentra bajo la ciudad de Meridian.

Constructor: No busques más. Soy yo.

Kain: Qué suerte. Intento destruir el Artefacto. Me han dicho que sólo tú puedes decirme cómo.

Constructor: Puedo ayudarte pero a cambio quiero que pongas fin a mi sufrimiento.

Kain: Háblame del Artefacto y te garantizo que haré todo lo que esté en mis manos.

Constructor: Sí, sí. Hace eones se creó como arma cuando dos razas se enfrentaban por el control de Nosgoth. Éste alberga a una antigua criatura cuya mente es capaz de matar a cualquier ser viviente tan sólo con un pensamiento. El Artefacto, canalizaba la energía mental de esa criatura y la dirigía sobre Nosgoth.

La mente de la criatura debía sintonizarse para matar a todos las criaturas vivientes excepto a mi raza. Sin embargo, antes de poder terminarlo fue encarcelado aquí y el resto de mi raza fue desterrada a otro reino mucho más terrible.

Kain: Así que el Artefacto nunca se terminó. ¿Y la criatura sigue habitando dentro de él?

Constructor: Fue apodada “la Masa”. Es eterna e inmortal aunque inofensiva sin un canalizador para su mente. Nunca finalizamos el arma. Necesitábamos una forma de enviar la energía del Artefacto hacia la Tierra.

Necesitábamos conducirla por todas las ciudades, una red, si lo prefieres. Una vez creada la red, el Artefacto canalizaría la energía mental de la Masa y provocaría la muerte a nuestros enemigos.

Kain: ¿Una red? ¿Parecida a una telaraña a través de una ciudad?

Constructor: Nunca completamos la red. Nunca usamos el Artefacto.

Kain: Pero Lord Sárafan lo hará… ¡Los glifos! ¡Están usando a los glifos para canalizar la Masa y limpiar la ciudad de humanos y vampiros por igual! Ese debe ser su plan.

Constructor: Si eso es cierto, debes actuar con rapidez. Es demasiado complicado destruir el Artefacto en sí. Tienes que destruir a la Masa.

Kain: Has dicho que esa criatura era eterna.

Constructor: Tiene una debilidad. La sangre es como veneno para su sistema. No cualquier sangre, sólo la sangre pura de las razas antiguas. Mi sangre. ¡Mi sangre envenenará y matará a la criatura!

Bebe mi sangre, vampiro y úsala para matar lo que creé por arrogancia y soberbia. Mátame para que la Masa muera y el Artefacto sea destruido.

Kain: Pobre desdichado. Has sufrido una eternidad aquí. Prometo liberarte de tu prisión y llevar tu sangre en mis venas para destruir los planes de Lord Sárafan ante sus narices.


Kain se avalanza contra el hylden para matarlo y beber su sangre. Después activa un mecanismo y la estructura comienza a venirse abajo…

Carcelero 1: ¡Lo has echado todo a perder!

Carcelero 2: ¡Ahora esos seres nunca podrán redimirse!

Carcelero 1: ¡Nuestro gran experimento arruinado!

Carcelero 2: ¡Arruinado!


Más adelante, Kain se encuentra con la criatura que le venía persiguiendo a lo largo de la prisión…

Magnus: ¡Tantos enemigos de piedra y de carne! ¡No pienso mover un dedo! ¡Te destruiré con mi mente!


Tras un primer enfrentamiento, la criatura huye…

Magnus: El agua no es amiga mía.


Finalmente, Kain consigue derrotarla por completo…

Magnus: La niebla se levanta. ¡Mi señor, espere!

Kain: ¿Qué argucia es esta?

Magnus: No hay argucia, señor. Vuelvo a ser vuestro sirviente de nuevo. Vuestro campeón.

Kain: Patético desdichado. Yo no tengo… ¿Magnus? ¿Eres tú?

Magnus: Así es, señor.

Kain: ¿¡Cómo es posible!? Mi mejor guerrero aquí, en este lugar maldito. Los Sárafan caían ante él a cientos. Juntos éramos invencibles. Magnus, el traidor. ¿Es esta tu recompensa por traicionarme a Lord Sárafan?

Magnus: ¡Señor, yo no…!

Kain: Saliste del campamento durante la noche para unirte a mi enemigo, como los demás.

Magnus: ¡Señor, no! Yo sólo quería servirle. Pensé con soberbia que podía poner fin a la guerra de un sólo golpe. Quería matar a Lord Sárafan. ¡Yo sólo! Era vuestro campeón.

Kain: Nunca regresaste.

Magnus: Os he fallado. Intenté matarle. Ni siquiera ahora puedo recordar cómo me derrotó. Estaba clavado en el suelo, indefenso a sus pies. Y entonces, con su repugnante magia me robó la mente y me trajo aquí, a este agujero infernal.

¿Pero qué fue de usted, señor? Oí que había muerto.

Kain: No tan muerto como algunos quisieran. Como ves, he regresado.

Magnus, mi campeón, ya has sufrido bastante. Con orgullo te otorgaré la muerte.

Magnus: Gracias, señor.


Kain acaba finalmente con Magnus y adquiere su dote oscura…

Kain: Vete, amigo. Eres libre. De un modo que ninguno de nosotros, vivos o muertos, podrá serlo.

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